sexta-feira, 16 de janeiro de 2026

Reino Unido: Sistema de vigilancia, reconocimiento facial, lectura de la mente y predicción del comportamiento por algoritmo convierten a los ciudadanos en sospechosos




Lance D Johnson 
13 de enero 2026

El gobierno británico, bajo el pretexto de la seguridad pública y la prevención del delito, está construyendo silenciosamente la arquitectura de vigilancia más avanzada del mundo occidental, un sistema diseñado no solo para verte, sino para mentirte, provocarte, interpretar tus pensamientos y predecir tus intenciones. Esta transición hacia la vigilancia "inferencial" —tecnología que pretende leer el estrés, las emociones y las intenciones de tu rostro y cuerpo— supone un peligroso salto de la monitorización de acciones a la vigilancia de pensamientos y sentimientos, sentando las bases para un estado totalitario blando donde la inocencia ya no se presume, sino que se evalúa algorítmicamente. El Reino Unido es pionero en un modelo de control que sacrifica los principios fundamentales de una sociedad libre en aras de la seguridad, creando el modelo para un mundo donde tu propio rostro podría delatarte. 

Puntos clave:

  • El gobierno del Reino Unido está consultando sobre un marco legal para los sistemas de vigilancia "inferencial" que pretenden interpretar el comportamiento, el estrés y los estados emocionales en tiempo real.
  • Los expertos en privacidad advierten que la tecnología está construida sobre "bases científicas inestables" y que la detección de emociones es muy poco confiable y está culturalmente sesgada.
  • La densa red de CCTV existente en Gran Bretaña, legado de los atentados del IRA, proporciona la infraestructura perfecta para esta actualización, normalizando la vigilancia pública constante.
  • Los críticos argumentan que esto crea una infraestructura de vigilancia permanente que los gobiernos futuros pueden utilizar como arma, erosionando la privacidad y paralizando la libertad de expresión.
  • La rápida adopción por parte del Reino Unido contrasta con enfoques más restrictivos en la UE y un mosaico de regulaciones en los EE. UU., posicionando a Gran Bretaña como un líder mundial en la vigilancia del espacio público.

Desvanecimiento lento hacia el control totalitario del pensamiento

El camino hasta este punto no se dio de la noche a la mañana. Comenzó con la instalación de cámaras de circuito cerrado de televisión en todo el Reino Unido en la década de 1990, una respuesta directa a los atentados del IRA. Esa crisis dio origen tanto a una red física como, de forma más insidiosa, a una comodidad institucional y pública ante la constante vigilancia. Como señala la investigadora en inteligencia artificial Eleanor «Nell» Watson, Londres cuenta actualmente con aproximadamente 68 cámaras de CCTV por cada 1.000 habitantes, una densidad aproximadamente seis veces superior a la de Berlín. Esta red de lentes existente ha condicionado a la población a aceptar la vigilancia como una realidad inofensiva y omnipresente, haciendo que la introducción de tecnologías más intrusivas parezca una mera mejora técnica en lugar del cambio de poder fundamental que realmente representa.

Hoy en día, la policía británica utiliza activamente tres formas de reconocimiento facial. Los sistemas retrospectivos analizan las grabaciones de CCTV, timbres y redes sociales tras un delito. El reconocimiento facial en vivo escanea multitudes en tiempo real, comparando rostros con las listas de vigilancia. Los sistemas activados por el operador permiten a los agentes tomar una foto con una aplicación móvil para identificar a alguien en el acto. Las autoridades promocionan las detenciones realizadas, desde delitos violentos graves hasta garantizar el cumplimiento de las normas por parte de los delincuentes sexuales. Sin embargo, estos informes operativos son una cortina de humo, una justificación para una ambición mucho mayor. La tasa de falsos positivos, aunque aparentemente baja, de aproximadamente 1 por 1.000, es una estadística fría que ofrece poco consuelo a la persona inocente injustamente señalada. Más condenatorio es el sesgo demostrado: estos sistemas fallan con mayor frecuencia con personas de piel oscura y mujeres, automatizando y amplificando los prejuicios sociales.

Ahora, el estado pretende ir más allá. Las tecnologías inferenciales propuestas se adentran en el ámbito de la ciencia ficción y el control psicológico. Operan bajo la suposición desacreditada de que los estados emocionales internos producen señales externas universales y fiables. Un metaanálisis científico fundamental de 2019 desmintió este mito, concluyendo que fruncir el ceño no significa con certeza ira, ni sonreír felicidad. Nuestras expresiones son matizadas, culturalmente específicas y profundamente personales. Demetrius Floudas, exasesor geopolítico, llama acertadamente a esta intrusión "similar a la lectura de mentes por un algoritmo". Imagine el horror de ser marcado como una amenaza potencial porque un algoritmo malinterpreta su dolor por una pérdida personal como "comportamiento sospechoso", o porque su forma neurodivergente de expresar emociones se sale de su estrecha programación. Elizabeth Melton, del grupo de libertades civiles Banish Big Brother, describe un panorama escalofriante: caminar por un aeropuerto después de una tragedia personal, solo para que una máquina insensible interprete su angustia natural como peligrosa.

De la vigilancia al control social

No se trata solo de atrapar criminales. Se trata de transformar la sociedad misma. Como advierte Watson, el Reino Unido está construyendo una "infraestructura de vigilancia con características democráticas". La propia infraestructura, una vez integrada, dicta las posibilidades políticas futuras. Un sistema diseñado para la monitorización integral del comportamiento no pierde su capacidad cuando un nuevo partido toma el poder; simplemente espera nuevas instrucciones. Esto crea una arquitectura de control permanente, lista para ser utilizada contra cualquier grupo considerado indeseable por quienes ostentan el poder. Ya hemos visto la criminalización de la disidencia en países occidentales, donde personas se enfrentan al arresto por criticar las políticas gubernamentales. La vigilancia inferencial proporciona la herramienta definitiva para dicha persecución, permitiendo al Estado identificar y atacar no solo los actos de protesta, sino también el estrés o la emoción asociados a la disidencia antes de tomar cualquier medida. Convierte las opiniones políticas en indicadores predelictivos, haciendo que los ciudadanos sean "culpables por pensar erróneamente".

El contexto internacional revela la trayectoria radical del Reino Unido. La Ley de IA de la Unión Europea impone límites estrictos a dicha IA biométrica y conductual, exigiendo clasificaciones de alto riesgo y rigurosas pruebas de proporcionalidad. Francia prohíbe generalmente el reconocimiento facial público en tiempo real. La autoridad de protección de datos de Italia ha bloqueado las implementaciones. Sin embargo, el Reino Unido tras el Brexit, deseoso de ser un líder mundial en tecnología de seguridad y enfrentado a unas fuerzas policiales desbordadas, avanza con menos controles. Estados Unidos, con las protecciones de la Cuarta Enmienda, opera con un mosaico de leyes estatales, pero expertos como la académica estadounidense Nora Demleitner reconocen que el Reino Unido está "más avanzado en un modelo de vigilancia más amplio", un modelo que inevitablemente cruzará el Atlántico mediante la colaboración policial y la presión de la industria tecnológica.

El coste humano de la mirada de la máquina

El costo final se mide en libertad humana. Históricamente, quienes viven bajo regímenes autoritarios aprenden a enmascarar sus sentimientos, a controlar cada gesto y palabra para evitar atraer la mirada del Estado. Esta vigilancia inferencial busca automatizar esa mirada, creando una sociedad donde las personas autocensuran no solo su discurso, sino también sus respuestas emocionales innatas. Esto frena la libertad de ser humano en público: de lamentar, de sentir ansiedad, de sentir ira ante la injusticia. Crea una población de individuos rastreables que deben considerar constantemente cómo su comportamiento natural podría ser malinterpretado por un algoritmo al servicio del Estado.

La consulta gubernamental sobre un marco legal es una fachada de proceso que encubre una marcha predeterminada hacia el control. Las verdaderas motivaciones tienen poco que ver con la seguridad pública y mucho con el cumplimiento de la ley. Hay un paso corto entre un algoritmo que adivina tu estado emocional y uno que predice tu "potencial" de criminalidad o disidencia, desde identificar a un sospechoso hasta identificar a alguien con ideas erróneas. Gran Bretaña no solo está modernizando sus cámaras; está instalando un guardián gubernamental en la mente pública, enseñando a sus ciudadanos que ser plenamente humano implica ser sospechoso.

 

Fuente: https://www.verdadypaciencia.com/2026/01/reino-unido-sistema-de-vigilancia-reconocimiento-facial-lectura-de-la-mente-y-prediccion-del-comportamiento-por-algoritmo-convierten-a-los-ciudadanos-en-sospechosos.html

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